El SUTEP frente a la prohibición del uso de celulares en la escuela.

SOBRE LOS TELÉFONOS CELULARES EN LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS DEBE IR MÁS ALLÁ DE LA DICOTOMÍA SIMPLISTA, QUE OSCILA ENTRE SU PERMISIÓN O PROHIBICIÓN

 

Realidad socio-digital en América Latina y el Caribe

En América Latina y el Caribe, el celular es el principal dispositivo de conexión de los jóvenes. Más del 80% de los adolescentes acceden a internet principalmente mediante sus teléfonos móviles y superan las cuatro horas diarias de uso (DataReportal, 2023). Brasil y México alcanzan cinco horas o más, ubicándose entre los primeros lugares mundiales en uso de aplicaciones móviles (App Annie, 2023). Sin embargo, persisten importantes brechas en la calidad del acceso y las competencias digitales.

 

Hacia una pedagogía de la ciudadanía digital

El debate sobre los celulares en las instituciones educativas continúa entre permitirlos o prohibirlos. Mientras se regula su utilización en las aulas, espacios como patios, pasillos y quioscos suelen quedar sujetos a la prohibición absoluta.

Los dispositivos móviles son también la puerta de entrada al mundo digital donde los estudiantes construyen su identidad, relaciones sociales y participación ciudadana. Por ello, es necesario superar el enfoque prohibitivo y avanzar hacia una pedagogía de ciudadanía digital consciente y crítica.

 

Integración pedagógica versus presencia tecnológica

Cabero Almenara (2020, p. 23) advierte que «no debemos confundir la presencia de la tecnología con su integración educativa. La verdadera integración se produce cuando la tecnología se convierte en un instrumento cognitivo que potencia nuevas formas de pensar y aprender». La prohibición absoluta ignora esta distinción y profundiza la desigualdad digital. Espacios como el recreo pueden utilizarse para proyectos de periodismo ciudadano, mapeo colaborativo o creación artística digital, convirtiendo el celular en una herramienta cognitiva y social.

 

Redes sociales, algoritmos y construcción de la subjetividad

Instagram, TikTok y WhatsApp son utilizadas por casi el 95% de los jóvenes diariamente, junto con el consumo de videos en YouTube. Sibilia (2022, p. 112) señala que «los algoritmos de las redes sociales y plataformas digitales no solo nos muestran un mundo filtrado; nos construyen a nosotros mismos como usuarios, anticipando y dirigiendo nuestros deseos, amistades y temores».

 

Prohibir el celular significa dejar a los estudiantes frente a esta realidad sin herramientas críticas para comprenderla. La escuela debe promover el análisis del feed, los intereses económicos o políticos detrás de las recomendaciones y el uso creativo de la inteligencia artificial, desarrollando una ciudadanía algorítmica crítica, para el desarrollo de agencia en un mundo mediado por código.

 

Del riesgo a la creación ética

El enfoque prohibitivo se concentra en riesgos como el ciberacoso, la distracción y la exposición a contenidos inapropiados. Aunque son problemas reales, resulta necesario formar para un uso crítico y ético. Santos (2018, p. 98) propone «pasar de una educación para los medios a una educación en y con los medios, en una perspectiva dialógica y de producción autoral».

L@s estudiantes pueden producir podcasts, videos sobre desinformación o proyectos con IA generativa, reflexionando sobre plagio, sesgos y las consecuencias de los contenidos que producen. La ciudadanía digital implica también crear responsablemente.

 

Hacia un modelo pedagógico integral

La escuela debe reconocer las brechas socioeconómicas, garantizar competencias digitales, abordar los algoritmos y la IA como herramientas para desarrollar pensamiento crítico y creatividad, transformar riesgos como la desinformación en oportunidades de aprendizaje e involucrar a los estudiantes en la gobernanza democrática de la tecnología.

Formar ciudadanos digitales significa desarrollar personas capaces de consumir, interrogar y crear tecnología. Se debe transitar del control restrictivo hacia la autonomía crítica y la responsabilidad ciudadana en el ecosistema digital.

Los poderes actuales también utilizan las tecnologías para manipular, mentir, engañar y mantener el statu quo, como parte del aparato ideológico-cultural: «La ideología dominante es siempre la ideología de la clase dominante».

La juventud y la niñez forman crecientemente parte de la denominada “generación alfa” o “nativos digitales”, criada en entornos marcados por internet, dispositivos móviles y herramientas informáticas. En esos recónditos lugares sorprende ver que no se invierte en mejor dieta alimentaria, pero sí, por ejemplo, en un teléfono móvil inteligente. Esta generación dirigirá el mundo en las próximas décadas. Frente a ello surge una cuestión fundamental: ¿avanzamos hacia una sociedad dominada por la velocidad, los memes y mensajes hiper sintéticos, sin profundización crítica? Y, sobre todo, ¿quién se beneficia de esta realidad? ¿Alguien decide que así sean las cosas? La gran masa, inmensa, monumental masa de usuarios, parece que no. ¿Quién entonces?